Tensiones de identidad con crecimiento caótico en Ayacucho

Tensiones de identidad con crecimiento caótico en Ayacucho


El Ayacucho contemporáneo es una ciudad en expansión acelerada, atravesada por profundas contradicciones. Carlos Pérez Sáez describe este proceso como un “magma en ebullición”, donde el crecimiento demográfico, la circulación del dinero y los cambios culturales conviven con una crisis de valores y de convivencia urbana.

Sociólogo y periodista, Carlos Pérez Sáez (derecha), entrevistado por director de Diario Jornada, Juan Camborda Ledesma (izquierda).

Gran parte de esta transformación se explica por la violencia política de las décadas de 1980 y 1990, que impulsó una migración masiva hacia la capital regional. Zonas antes deshabitadas, como Covadonga, Ñahuimpuquio, La Picota o Chamanapata, se convirtieron en barrios densamente poblados. Este crecimiento, según Pérez Sáez, fue desordenado y sin planificación, alterando de manera irreversible el paisaje urbano.

Junto a ello, emergió una mayor circulación de dinero. Ayacucho se consolidó como un emporio comercial y financiero, donde sectores históricamente excluidos accedieron por primera vez a ingresos significativos. Escenas como la bendición dominical de todo tipo de vehículos en Quinuapata reflejan esta nueva realidad económica. Sin embargo, el origen de esa riqueza y sus efectos sociales siguen siendo un tema abierto al debate.

El crecimiento económico también ha traído consigo una crisis de convivencia. Pérez Sáez advierte una cultura del individualismo agresivo, donde el poder adquisitivo se impone sobre las normas. El irrespeto en el tránsito, la ocupación de veredas y la “ley del más fuerte” se han vuelto prácticas comunes, afectando la vida cotidiana y el tejido social.

Del Ayacucho señorial al cambio social: educación, apellidos y poder

A pesar de ello, la identidad sigue expresándose con fuerza en la fe, las fiestas y la gastronomía. La Semana Santa, las procesiones y las fiestas patronales han sido enriquecidas por migrantes de diversas provincias y regiones, redefiniendo los actores de la tradición sin eliminar su sentido identitario. Lo mismo ocurre en la cocina, donde platos como la puca muestran tensiones entre lo tradicional y las exigencias del mercado.

De cara a los 500 años de fundación, Pérez Sáez advierte que el reto no está en las celebraciones, sino en construir una ciudad con valores, convivencia y proyecto común. El futuro de Ayacucho, sostiene, dependerá del comportamiento y las decisiones de sus propios habitantes.

  • Versión resumida, lee la información completa en la edición impresa y la edición digital de Jornada

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *