La papa no es solo un cultivo, sino un patrimonio cultural y biológico del Perú. Así lo afirmó Stef de Haan, científico principal del Centro Internacional de la Papa, quien destacó que este tubérculo, domesticado en los Andes hace miles de años y considerado el cuarto cultivo más importante del mundo, concentra una reserva genética invaluable. Subrayó que frente a nuevas plagas y enfermedades, las respuestas están en las papas silvestres y nativas, cuya diversidad es resultado del conocimiento ancestral de las comunidades andinas.
El especialista remarcó que la conservación no depende únicamente de la ciencia, sino también de la sabiduría campesina transmitida por generaciones. La clasificación tradicional de las variedades dialoga con los estudios genéticos contemporáneos, fortaleciendo una estrategia conjunta que combina análisis nutricional —como hierro y zinc— con usos culturales para productos como el chuño o el tocosh. “Sin agricultores no hay biodiversidad”, advirtió, alertando sobre la migración juvenil como uno de los mayores riesgos para la agrobiodiversidad.
Desde el CIP se impulsa la conservación mediante un banco de germoplasma que resguarda unas 5 000 variedades de papa —alrededor de 3 000 peruanas— además de programas de mejoramiento genético y monitoreo de enfermedades como la “punta morada”. Recientemente, se liberaron dos variedades biofortificadas con alto contenido de hierro como alternativa frente a la anemia en zonas altoandinas.
En este contexto, se anunció la presentación del libro “Tubérculos de Tircus, Huanta”, cuyo prólogo firma De Haan. La publicación documenta la riqueza de papas nativas en esta zona de Huanta y marca un hito para la región, que no contaba con un registro sistematizado. La conservación —concluye el investigador— es una apuesta estratégica frente a la crisis climática y alimentaria global.
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